Ocho

Jueves en la Huasteca. Combo de 75 kilómetros de ciclismo y 4 de trote. La más larga hasta hoy en el parque, que puede resultar tedioso e interminable para las largas distancias, por aquello de las idas y vuelta. 

Agotada la novedad de mi regreso a La Huasteca, habituándome de a poco a sus maravillosos paisajes, el reto es vencer el tedio. Recorrer en la misma sesión tres ocasiones o más el mismo trayecto, aunque el escenario sea espectacular, más temprano que tarde puede aburrirte.

Cuando ocurre, no me queda otra que concentrarme, mantener el estado de alerta, incrementar mi sentimiento de pertenencia a la maravillosa naturaleza que me rodea; ayuda detectar objetos, paisajes o cosas que no me resultaron atrayente en una primera mirada y valorar sus aspectos positivos, porque como reflexionaba Schopenhauer, uno de los dos principales enemigos de la felicidad es el aburrimiento.

Cargar con la cámara fotográfica colabora y mucho. Te obliga a poner atención al entorno, y aunque en ocasiones considero que una parada para fotografiar entorpece el entrenamiento, incrementa los riesgos o me birla tiempo, más tarde, reflexionando, caigo en cuenta que es todo lo contrario.

Recuerdo que mi segunda competencia como triatleta, el duatlón Santa Catarina, se llevó a cabo en La Huasteca; habrá sido por allá del 2001. Aún no era una sede deportiva popular. Eventos como ese duatlón buscaban darlo a conocer entre los deportistas. Lo considerábamos un sitio alejado e inseguro y competía desfavorablemente con un Circuito Valle Oriente, en esos años aún deshabitado y sin tráfico, o con un parque Fundidora, que ofrecía muchas ventajas, con el inconveniente de lo corto del circuito.

Después de ese duatlón, corrí un 10 K en el 2003, carrera que organizó Carlos Sandoval. No me acuerdo la razón, pero ya no regresé ni a entrenar ni a competir a La Huasteca.

Fue hasta el 2014, un sábado de lluvia, preparándome -un poco antes de rendirme- para mi quinto Ironman, cuando Luis Hernández, buscando apoyarme para que no suspendiera mi sesión de ciclismo, me propuso que me fuera al parque donde no llovía y probara sus bondades como sitio de entrenamiento alternativo a la carretera nacional. 

Ese día, el parque estaba colmado de deportistas y de automovilistas, algunos de estos últimos, circulando sin mostrar inquietud o preocupación por los corredores ni por los ciclistas. Miedoso que soy, suspendí el entrenamiento, yo tan cobarde siempre. Al Coach le comenté que me sentí inseguro, vacilante, temeroso.

A diferencia de la carretera nacional, con sus seis carriles, los acotamientos y un amplio camellón central, los dos carriles y excesivo tráfico vehicular de La Huasteca, me hizo pensar que en cualquier momento, un desquiciado, transitando por el sentido opuesto, podría invadir mi carril y darme de frente.

La verdad es que percibí muy cerca a los automóviles detrás mío cuando me rebasaban, y peores eran las sensaciones con los que venían de frente. No estaba acostumbrado. En la carretera Nacional te llegaran por detrás, pero para que te peguen de frente, le cuelga.

Muchas sensaciones de vulnerabilidad y miedo como para disfrutar el entrenamiento. Así que ese sábado me quedé sin cumplir con el programa. Recuerdo que rodé 13 Kilómetros.

Tristemente, un par de semanas después, un conductor alcoholizado atropelló a un grupo de cinco ciclistas del equipo Trainer, el de mi coach. Dias después del accidente y a consecuencias del mismo, falleció Mónica Salinas de Vergara y un año después, Cynthia Gutierrez de Cuesta, de 36 años, que había permanecido en coma desde el día del terrible accidente, también falleció. Hondo pesar, muchas protestas y la pérdida de la vida de dos jóvenes mujeres en su plenitud causado por causa de un policía de transito y vialidad borracho.

Los que nos montamos a la bici conocemos los riesgos que enfrentamos. Entre los peores, el de los conductores alcoholizados. Los sábados de madrugada, mientras los ciclistas nos preparamos para salir a rodar, los borrachines se disponen a dejar la fiesta para dirigirse a casa a dormir su borrachera. Imploras por no coincidir con alguno de ellos por tu camino.

En fin, el caso es que siete años después, estoy entrenando en el Parque con cuidado, con la misma inquietud y reserva de siempre, que lo miedoso no se quita fácilmente. Por lo pronto estos martes y jueves que he acudido a entrenar allá, he observado vigilancia de Fuerza Civil y la Policía de Santa Catarina, así como cierta tolerancia por parte de los automovilistas. Supongo que los sábados continuan siendo un día complicado para rodar.

Hoy viernes última reunión con mi tutor. Últimos toques al TFM. Algunas correcciones menores: comas asesinas, enlaces rotos o mal ubicados, pero en términos generales, gracias al apoyo de Manuel Santana-Hernández, mi tutor, ya casi está listo para subirlo a la plataforma de la USAL y espera el veredicto de la Comisión de Evaluación.

Después a nadar. Hoy sí me di el lujo de hacerme pato. Nadé apenas 1,200 metros. Posé para la cámara de Luz María. Y a comer. La reunión con el tutor, y la labor de TruTru sobre el TFM que me puse a hacer después del Zoom se comió mi mañana. Abur.

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