¿El último Ironman?

Hoy confieso algo que me ha acompañado en silencio: todavía no me inscribo al Ironman Cozumel 2025.
Llevo seis semanas de un plan de veinte. El cansancio se acumula: lo siento en el cuerpo y, a veces, incluso en la atención que ya no me permite leer con la facilidad de antes. Tengo 68 años. Y no, ya no es como a los cincuenta, cuando encadené cuatro Ironman seguidos —2010, 2011, 2012 y 2013— y parecía que el cuerpo podía con todo. Cada kilómetro ahora se siente más definitivo; cada entrenamiento exige un pacto distinto con la voluntad.
En los últimos cinco años he corrido el Ironman 70.3 Monterrey, con podios incluidos. Esa carrera me confirmó que sigo siendo competitivo, que aún hay chispa en las piernas y terquedad en la cabeza. Pero también sé lo que es fracasar: en Cozumel 2022, mi intento por completar el quinto Ironman terminó en abandono, arrasado por la deshidratación. Esa herida sigue ahí, y cada vez que pienso en volver a la isla, la duda regresa conmigo.
Si me aseguraran que en 2026 volverá a celebrarse el 70.3 en Monterrey, con toda honestidad me olvidaría de Cozumel. No necesito el mar abierto, ni el viento de la isla, ni la épica de las 140.6 millas para demostrar nada. Lo que busco ahora es otra cosa: equilibrio, rutina, mañanas de escritura, tardes de lectura, ejercicio de gente normal.
Pero la vida no siempre espera. No sé si habrá un 70.3 en Monterrey en 2026. Las obras retrasadas para la próxima Copa del Mundo no otorgan esperanzas. Y además, no sé si en un año tendré la misma fuerza, la misma terquedad, la misma salud. Esa incertidumbre me coloca en el filo: Cozumel 2025 como un último gran desafío, o el inicio de una etapa distinta, donde mi cuerpo ya no tenga que sufrir para darme la victoria que ahora me pide el alma: leer mucho y escribir más.
Quizá lo que llamo “duda” no sea debilidad, sino la verdadera trama de este proyecto. Porque El último Ironman nunca fue solo cruzar una meta: fue reconocer que en algún punto debía elegir entre la exigencia del cuerpo y la libertad de la palabra.

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